Tardes de verano (18/08/2013)

Tardes de verano (18/08/2013)

Historia de una foto (¿sólo?)

Me gusta leer en la penumbra. Con las luces bajo mínimos. Que se vea lo suficiente pero no del todo claro (aunque mi padre insista en mi futura próxima ceguera). Todo el mundo estaba fuera, algunos en la piscina, otros jugando a la consola y gritando como locos al perder combates, otros viendo Juego de Tronos a la sombra de los pin… del peral y otros regando el santo jardín. Yo me había quedado leyendo, aprovechando la quietud de la casa. Algo raro, muy raro, porque siempre pensé que la casa de mi abuela es la casa más viva que conozco.

Al levantar la vista (y la cabeza) para relajar un poco el cuello, la vi. Vi esta foto. Tal cual. Y me eché de menos. Me eché de menos a mí, niña, rodeada de los tíos (¡eran gigantes!), intentando quitarles la miga del pan. Mi abuelo y mis tíos, merendando todos alrededor de la mesa, el hule lleno de trocitos de pan y yo intentando entrar en ese mundo de adultos sin comprender muy bien por qué al perro le tenían que poner bozal si era el animal más cariñoso del mundo.

Recuerdo el filo del cuchillo brillando al mirarse en el espejo del sol, los melocotones del abuelo, sus manos curtidas, tan hábiles que las quería mías… mi tío cortando jamón, mi otro tío protestando porque a la gallina nueva le había dado por poner los huevos escondiditos…

 

Mamá siempre me regañaba. Me levantaba muy pronto, desayunaba Nesquik con galletas y a las 10, venía el abuelo a tomarse su almuerzo. Yo también quería almorzar, quería la tortilla francesa que le sabía a gloria tras ya varias horas trabajando en el campo. Y ella decía que no, que esas cosas son cosas de mayores (aunque cuando me quedaba con la abuela, nos las apañábamos para que comiera tortilla sin que se enterara mamá…). La mirada perdida del abuelo, pero no perdida en el mal sentido, sino pensativa, quizás pensando en que la vaca estaba a punto de parir o que dentro de nada, cosecharía las patatas.

Cuando era pequeña, hablaba mucho, por los codos, las rodillas, aunque me taparan la boca y me dijeran pesada, hablaba con los labios cerrados, la lengua fuera. A raudales. A borbotones me salían las palabras y las erres mal pronunciadas.

Ahora me encuentro sumida en un mutismo nunca conocido. Ya no intento comprender, directamente no comprendo. Ya no me dicen pesada por preguntona porque ya no pregunto. Ya no pido el almuerzo de las diez, ni miro a mis tíos merendar mientras protestan por el calor…

Ahora leo sola en la penumbra.

Anuncios

9 pensamientos en “Tardes de verano (18/08/2013)

  1. Diría que en cambio, hoy te haces TODAS las preguntas, pero pa’ dentro, que es como suelen hacerse las que de verdad (nos) importan, como tu abuelo. Las que estás íntimamente legadas a nuestra supervivencia en un sentido muy amplio, las que implican ese algo que escapa a nuestro control. Me ha gustado tu memento, la atmósfera en que nos metes (de entrada, con tu foto). Un besico. PS Tu padre lleva razón con lo de la correcta iluminación, pregúntaselo a la Shira.

  2. Comprendes de otra manera y formulas otras preguntas, como dice Triste Sina para adentro. Esta última frase me produce tristeza, o quizas es la serenidad que posees.

  3. Qué íntimo y hermoso es el texto. Una visión tan cercana de la infancia… Y el contrapunto de tus preguntas…. (las de antes, las de ahora….).
    Yo también leo en penumbra (creo que vivo en penumbra). El sol me molesta bastante, el exceso de luz me molesta. ¿Y si nuestros ojos no necesitan tanta luz como otros???
    Un saludo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s