Sólo te pido la luna (10/10/2011)

Sólo te pido la luna (10/10/2011)

Et qui sait ce qu’il adviendrait alors de leurs corps aimantés l’un vers l’autre ?

Anne-Sylvie Sprenger, La veuve du Christ

Sólo te pido la luna
para las noches de ausencia,
para los días de frío entre los cuerpos
cuando decidas ser una estrofa aparte y punto final.

Desimantados. Separados así, por uno de sus tentáculos hecho
surco en la ribera de tus manos sobre mi ombligo sombrío.

Sólo te pido la luna
para las noches veladas,
para las noches de miedo
entre las sábanas ahogadas,
para las noches de aullidos
que marean las horas de insomnio.

Sólo te pido la luna
para beberme su jugo
cuando te fundas con la noche
y me dejes manchada de adiós.

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12 pensamientos en “Sólo te pido la luna (10/10/2011)

  1. Que luego son esas manchas que no se van, ni con ariel. Y que por supuesto, “ni siquiera un buen baño borran”. Potente.

  2. No desdeñas el romanticismo, podrías hacerlo, te sobra talento para sumergirte en poemas que yo no podría entender y para dibujar estrofas cargadas de magia y simbolismo lírico, pero enmarcadas en arquetipos que se escaparían seguro a mi entendimiento porque son muchas las cosas que quise haber aprendido pero no aprendí.
    Pero tú no: erre que erre y pasito a pasito vas enamorando mi espíritu y te marcas un poema que me ha estremecido profundamente, amén de borrar de un soplo la sequedad con la que se había enfrentado mi alma a este amanecer que tú has tornado en hermoso.
    La hermosa luna: mi terreno 🙂 el dulce astro al que le habla Romeo y los millones de enamorados que le han precedido y le han sucedido.
    Yo mismo he pedido cosas parecidas miles de veces y le he pedido la luna a la misma vida; ¿por qué pedir menos, si hablamos de amor?, y porqué no suspirar por esa caricia que nos falta en la noche: puede ser el ombligo, puede ser en un codo o puede ser en el corazón, ¿qué más da? Si sentimos que nos las deben, que las necesitamos.
    Profundos vacíos que la luna calma; porque es cierto, es muy cierto que siempre acude porque se apiada de los que se posan ante ella, no como último recurso, sino como el más mágico, como el que nunca falla.
    Tu poema (que acaricia) demuestra esto y un millón de bellas cosas más.

    • […] amén de borrar de un soplo la sequedad con la que se había enfrentado mi alma a este amanecer que tú has tornado en hermoso.

      Creo que eso mismo has hecho tú con este comentario. Lo he leído esta mañana al despertarme… dulce despertar.

      Gracias.

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