Quinientos litros de noche (24/03/2011)

Quinientos litros de noche (24/03/2011)

Quinientos litros de noche se disuelven
tras tus pasos.
Chorros en forma de cascada
tiñen de negro las calles
y los salmantinos buscan faro que les guíe
en esta ciudad galardonada con el premio Nobel
de tu ausencia.

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6 pensamientos en “Quinientos litros de noche (24/03/2011)

    • Yo creo que es un poema premonitorio. En el momento en el que lo escribí, no pensaba en nadie… y meses después, conocí a alguien a quien podría habérselo dedicado…

  1. Siempre me ha gustado mucho más la Salamanca nocturna; hay algo en sus calles que me recuerda a mi juventud (allí fui muy feliz en un par de ocasiones) y, al tiempo, me lleva un pasado imaginado y a piedras que trascienden a los habitantes que las pisan: es historia viva, es misterio y, también, es belleza que son tres ingredientes imprescindibles para vivir una hermosa historia de amor y en ese sentido Salamanca es ideal.
    Lo de los quinientos litros de noche es cañero y desgarrado, me llega dentro y me identifico con la fuerza que trasmites; es cierto que tanta negritud desbordada tiñe de oscuridad las calles, pero al brillo de tu poesía le sobra luz y furia para iluminar ese faro que deseas (deseáis) que os guíe.
    En cuanto a ese premio nobel estoy seguro de que ya sabes que está más repartido que las pedreas de la lotería de navidad; hasta a la aldea más recogida del planeta llegan reminiscencias de alguna ausencia, pero no se podría recordar sin ausencia, ni llorar sin un espacio que no ha quedado vacío; la ausencia es el motor de la melancolía, algo así como el combustible emocional del universo.
    Precioso, amiga mía; y el contraluz del pórtico es enamoradamente descriptivo.
    Un abrazo bien grande y deseo de corazón que aproveches al máximo los rayos de sol del verano porque si hay una cosa cosa que es cierta es que Salamanca en invierno es la de dios (siempre que voy fantaseo con hibernar hasta que no entro a cubierto) 🙂

    • He pasado un invierno fuera de Salamanca y ya se me está olvidando lo que es el frío castellano. Aunque lo cambiaría por el frío francés que he vivido este último año y que voy a vivir el próximo, esa humedad que se mete hasta los huesos y no hay quien expulse…
      Gracias por tu comentario, una vez más. Tú sí que sabes cómo leer… 😉

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